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Video: enamorar al público o estancarse

ENCUENTRO. En el marco del Fenavid se cuestionó la posibilidad de comercializar la producción


El entusiasmo duró cinco días. Más de 100 trabajos compitieron en el Festival Nacional de Video organizado por la Fundación Audiovisual, pero cuando llegó el momento de los debates se enfrentaron a la pregunta mis dura: ¿Es el video y el cine una profesión de futuro? La respuesta más recurrente fue la necesidad de revalorizar la producción nacional, tomarla en cuenta como un producto o una empresa comercial que busca su propio mercado. De esta forma, la imagen hecha en Bolivia podría tomar cierta autonomía con respecto a los fondos estatales y de la acción pública.

La participación de los universitarios en el Fenavid demostró el interés por el audiovisual entre los estudiantes. Más de 100 trabajos fueron presentados al evento. La numerosa participación dio pie para plantear un debate sobre el trabajo y el futuro de los profesionales del audiovisual. La incertidumbre de lo que será el mercado para las nuevas generaciones marcó un punto de partida. En la búsqueda de una respuesta conjunta, algunos de los productores más experimenta dos expresaron su opinión.

Para Roberto Larza, director de la escuela La Fábrica, la cinematografía boliviana depende de subvenciones y apoyo a la cultura que han sido escasas. Afirma que no se ha pensado en el cine como una industria autónoma. “La cinematografía no necesita ser subvencionada. Nosotros planteamos entender cada proyecto cinematográfico como una empresa, como un producto que busca su propio mercado y tiene sus propias leyes de venta".

Como cineasta, Rodrigo Bellott propone que en primera instancia se debe generar una micro industria y despertar un interés por el consumo audiovisual a través de espacios alternativos. También aconseja integrar el mundo del arte con el de la pantalla chica con el fin de abrir nuevos rumbos.

“La televisión y la galería nunca han unido fuerzas. El video arte, por ejemplo, podría encontrar un espacio en salas de exposiciones y en muestras pictóricas o formar parte de la decoración de una casa, a manera de instalación” expresó.

A pesar de les limitaciones del mercado nacional, ciertos elementos apuntan a la renovación de una generación de videastas y cineastas que contaría con la ayuda de la tecnología para abaratar sus costos de producción.

Entre las conclusiones del encuentra se destacó la necesidad de mejorar la calidad de los conceptos e ideas, para realizar trabajos más competitivos.

Al final, la radiografía de la producción audiovisual en Bolivia muestra una evolución alentadora respecto a años anteriores, pero advierte que ésta sólo se consolidará si va acompañada por un cambio cultural en los hábitos de consumo del público.

Hay que enamorar al público para garantizarse un futuro y eso sólo se consigue con calidad.

Marcos Loayza
Cineasta

EL CINE NO DA GANANCIAS

Habría que exigirle más al audiovisual, pero es difícil porque los jóvenes crecen de

referentes. En un país donde la juventud no tiene acceso a la cinematografía que se hace en el mundo (filmes asiáticos, europeos o de países ex comunistas) ni a la literatura y a otro ipo de manifestaciones artísticas, es natural que haya desinformación.



Irán ha desarrollado una propuesta cinematográfica desde hace unos 30 años y esto lo ha convertido en uno de los países que, en el último tiempo, ha conseguido la mayor cantidad de premios y reconocimiento internacionales. Estamos hablando de la realización de 50 películas por año. En Bolivia no se ha estrenado ninguna de esas producciones, hablo de cineastas como Majmalbaf o Kiarostami.Por otra parte, es muy difícil en nuestro país el cine genere sus propios ingresos.En otras partes, existe la posibilidad de estudiar en una universidad de cine, trabajar en una productora, realizar una película y asistir a festivales. Pero en nuestro medio, no es así, porque no existe mercado y tenemos que hacer cine por supervivencia cultural. Nuestra motivación no es el dinero, sino una excelencia artística y un compromiso social. No es que uno esté dispuesto a perder lo invertido; si se comercializa y se recupera, tanto mejor. Pero hay que tomar en cuenta que hacer una película cuesta alrededor de 500.000 dólares, y en Bolivia lo máximo que se recupera son 100.000”.

 

Diario EL DEBER – ESCENAS

Santa Cruz de la Sierra, 10 de octubre de 2004

 

 



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